Los clientes. Todos somos clientes de otras empresas, por lo que sabemos lo exigentes (y pesados) que podemos llegar a ser. En el mundo del diseño web, los clientes son famosos por requerimientos como “quiero que esto vaya aquí” o “quiero aquí un efecto de tal forma”, cosas que en muchos casos son totalmente posibles pero en otros, no tanto. Y lo más difícil es explicárselo a alguien que no entiende del tema.

En muchos casos, los diseñadores o las agencias terminan perdiendo dinero por culpa de una mala relación o comunicación con el cliente durante el proyecto, ya que demasiados cambios implican una gran pérdida de tiempo. Es normal y posible que un cliente te diga que un diseño no le gusta, pero si le hemos ofrecido un logo con “dos opciones de diseño y revisiones ilimitadas”, no quiere decir que le diseñaremos incontables logos, sino que podremos hacer retoques a su gusto sobre alguna de las primeras dos opciones.

Es importante que el cliente tenga claro desde el principio lo que quiere.

Otras veces ni siquiera el cliente sabe lo que quiere, por eso es muy importante tener claro desde el principio hacia dónde vamos, para evitar perder tiempo y dinero por ambas partes.

Planificar el proyecto con el cliente

En cualquier proyecto creativo, podemos tener ideas fantásticas e innovadoras a medio camino; el problema es aplicarlas. Los clientes deben tener siempre en cuenta (o debemos dejárselo claro) que algunos cambios pueden realizarse con facilidad e incluso sin coste añadido pero que otros pueden aumentar en menor o mayor medida al presupuesto inicial. Y esto no significa que estemos queriendo aprovecharnos de ellos.

Lo ideal es intentar contemplar estos posibles cambios a priori. Después de trabajar con tantos clientes, cuando nos enfrentamos a un proyecto de similar características a otros anteriores, podemos prever qué tipo de cambios puede necesitar el cliente actual en el futuro, o qué tipo de “ideas” se le ocurrirán en el camino para mejorar su proyecto inicial.

Otro problema: los intermediarios

Si el cliente final puede traernos más de un dolor de cabeza, imaginemos meter (uno o más) intermediarios en el proceso. Pongámonos otra vez en la piel del cliente:

Estás en una cafetería de estas tan modernas y quieres un cortado, pero en lugar de ir a pedirlo, lo hace alguien por ti. En el camino, a esa persona se le ocurre que lo mejor para ti sería un latte y además, con sirope de vainilla. Sin consultártelo a ti, va y te lo pide. Luego, si te gusta, genial. Pero, ¿y si no?

Lo mismo sucede con muchos intermediarios en el mundo online: a veces hacen buenas sugerencias o te transmiten lo que necesita o quiere el cliente, pero otras muchas te dicen lo que “creen que éste querrá” ¡antes de mostrárselo! De este modo te ves en una situación muy incómoda y molesta: no puedes contactar con el cliente final y tienes que hacer cambios sobre algo que quizás estaba correcto para él, lo que puede significar que, una vez modificado y entregado -intermediario de por medio- termines volviendo sobre tus pasos porque lo que el cliente quería se acercaba más a tu idea inicial.

La importancia del asesoramiento

En Banzee nos gusta asesorar a nuestros clientes. No les decimos a todo que “sí” ni tampoco nos callamos cuando creemos que algo va a quedar mal estéticamente o poco funcional. De este modo, quizás tengamos algún desacuerdo al principio o incluso perdamos algún que otro proyecto, pero nos aseguramos que nuestros clientes queden totalmente satisfechos al final, y que vuelvan.

Por eso también, cuando nos piden “tablas de precios”, les explicamos que hacemos presupuestos a medida de cada proyecto, ya que cada uno de ellos (al igual que cada cliente) es distinto. De este modo nos ahorramos más de un problema futuro sabiendo que hemos presupuestado bien, y también le ayuda al cliente a saber que le cobraremos un precio adaptado a sus necesidades.

Si tienes un proyecto en mente, ¡ponte en contacto!